El otro día sentí que estaba con mi padre, lo veía, lo tocaba, nos hablábamos,
no era un espíritu, era una presencia carnal, rotunda, aunque tan sólo mi madre
y yo teníamos el privilegio de contactar con él.
Fue muy gratificante y no es la primera vez que me pasa. Me reconforta pues
siento que está conmigo. Es una sensación muy de verdad, noto su tacto con toda
la intensidad, su imagen es nítida y la conversación fluida. Para mí, durante un ratito,
está plenamente conmigo.
Mi mujer también estaba en la estancia, pero ella no podía verle. Yo le decía, con
toda la tranquilidad, que estaba con mi padre, que teníamos las manos cogidas.
Para que nos creyera pusimos un vasito pequeño de café entre nuestras manos para
que viera como el vaso quedaba en suspensión.
Cuando desperté lloré en silencio, tan sólo unas pocas lágrimas calientes, y me puse
Fue una experiencia mucho más intensa que un simple sueño, quizás cercano a lo esotérico,
pero en mi caso no se trata de una flipada con el más allá. Es simplemente que mi padre
sigue vivo en mí, su huella es indeleble y me sigue sosteniendo.
Estoy en paz.